Una lata parece una superficie sencilla sobre la que imprimir. Es lisa, rígida y tiene un espacio perfectamente definido. Sin embargo, cuando llevamos la impresión a una línea de producción real, las cosas cambian bastante.
Velocidad, humedad, temperatura, barnices, condensación o procesos posteriores como la esterilización pueden convertir algo aparentemente tan sencillo como imprimir un lote y una fecha en un pequeño quebradero de cabeza.
Por eso, cuando hablamos de codificación de latas, la primera pregunta no debería ser qué impresora comprar. Antes hay que saber qué queremos imprimir, sobre qué superficie y en qué condiciones tendrá que permanecer legible ese código.
En la industria alimentaria encontramos envases metálicos de características muy diferentes. Tampoco se comporta igual una superficie limpia y seca que otra sometida a humedad, grasa o cambios importantes de temperatura.
Y ahí está una de las claves del marcaje industrial: una solución que funciona perfectamente en una línea puede no ser la mejor opción en otra.
Antes de instalar un equipo conviene analizar al menos el material y acabado del envase, la zona de impresión, la velocidad de la línea, las condiciones ambientales y los procesos a los que será sometido posteriormente el producto.
En una conserva, por ejemplo, hay que prestar especial atención al proceso térmico. La tinta y el sistema utilizados deben seleccionarse teniendo en cuenta las condiciones reales de producción. En los procesos de alta velocidad y retorta, la adherencia, la velocidad y la resistencia del marcaje son factores determinantes.
El lote es probablemente el dato que más asociamos a la codificación de un producto, pero no es el único.
Dependiendo del producto y de las necesidades de identificación, pueden imprimirse fechas de producción, consumo preferente o caducidad, códigos internos, turnos, referencias u otra información variable.
Lo importante es entender que marcar una lata no consiste simplemente en poner tinta sobre metal.
El objetivo es conseguir que el dato correcto aparezca en el envase correcto, que sea legible y que pueda seguir siéndolo después de pasar por el proceso productivo, manipulación, almacenamiento y distribución.
Eso convierte al sistema de impresión en una pequeña pero importante pieza de la trazabilidad del producto.
No existe una respuesta universal.
En aplicaciones industriales sobre metal, los sistemas de inyección de tinta continua o CIJ (Continuous Inkjet) son una solución habitual porque permiten imprimir sin contacto sobre productos que se desplazan a velocidad por una línea.
Precisamente esa ausencia de contacto resulta especialmente útil cuando tenemos superficies curvas o productos en movimiento.
En otros puntos del proceso pueden utilizarse tecnologías diferentes. Por ejemplo, puede que no necesitemos imprimir directamente sobre la lata, sino sobre un estuche, caja, etiqueta u otro embalaje secundario.
Por eso preferimos hablar de solución de codificación y no simplemente de impresora.
La máquina es solo una parte.
Hay que estudiar también la tinta, el soporte, el tamaño del mensaje, la velocidad, la distancia de impresión, los sensores y la integración con el resto de la línea.
Podemos tener una excelente impresora y obtener un resultado mediocre si utilizamos una tinta inadecuada.
En una superficie metálica interesa conseguir buena adherencia, contraste y un secado compatible con la velocidad de producción. Si además existen humedad, condensación o tratamientos posteriores, estas condiciones deben tenerse en cuenta desde el principio.
Una prueba realizada en condiciones ideales puede ofrecer un resultado perfecto y fallar después en fábrica.
Por eso, antes de implantar una solución, lo razonable es probar el marcaje sobre el envase real y en condiciones lo más próximas posible a las de producción.
Parece obvio, pero evita muchos problemas.
En una línea automatizada, la codificación debería acompañar al proceso, no condicionarlo.
Si una instalación produce miles de unidades, el sistema debe ser capaz de imprimir de manera repetitiva manteniendo posición, legibilidad y estabilidad sin obligar a realizar constantes intervenciones del operario.
También interesa reducir los cambios manuales de información siempre que sea posible. Un error al introducir lotes y fechas puede acabar afectando a muchas unidades antes de ser detectado.
La elección del equipo debe hacerse, por tanto, pensando en cómo trabaja realmente la fábrica.
En SM Codificación trabajamos precisamente de esa manera: estudiando el soporte, la instalación y las condiciones reales antes de determinar qué sistema encaja mejor.
La empresa desarrolla proyectos de codificación adaptados a diferentes industrias y trabaja tanto con equipos como con su instalación, puesta en marcha y personalización.
Porque imprimir una fecha sobre una lata es fácil.
Conseguir imprimirla miles de veces, a la velocidad que exige la línea y manteniendo un resultado legible y estable es donde empieza realmente la codificación industrial.