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Codificación en latas de conserva: trazabilidad sin interrupciones

En la industria de la conserva, cada segundo cuenta. Miles de latas pasan frente a una impresora o un sistema de marcaje industrial, y en ese instante —apenas una fracción de segundo— se graba algo más que un número de lote: se deja una huella única. La codificación en latas de conserva es el corazón de la trazabilidad alimentaria. Y cuando se hace bien, no solo cumple con la normativa: también aporta confianza, continuidad y una producción fluida, sin interrupciones.


Los retos de la codificación en latas de conserva


1. Materiales exigentes

Trabajar con latas de aluminio o latas de hojalata no es sencillo. Las superficies metálicas —a menudo brillantes, barnizadas o curvadas— pueden ser un auténtico desafío para la codificación industrial. Y es que el marcaje tiene que adaptarse a todo: al reflejo del metal, al tipo de barniz o incluso a la textura del envase. En SMC Codificación lo saben bien: cada línea necesita su ajuste perfecto. A veces se opta por chorro de tinta continua (CIJ); otras, por láser, según el tipo de superficie y las condiciones del entorno de producción.


2. La velocidad que no perdona en la codificación industrial

En una planta conservera, el ritmo es implacable. Algunas líneas superan los 800 envases por minuto, y cada codificador debe mantener la precisión en ese flujo constante. No hay margen para el error: un código desplazado o ilegible compromete toda la trazabilidad del lote.


3. Condiciones difíciles

Humedad, vapor, calor o residuos de aceite son el pan de cada día en la producción alimentaria. El entorno pone a prueba incluso a los equipos más robustos. La codificación industrial en latas de conserva requiere materiales y configuraciones capaces de resistirlo todo. Un ejemplo habitual: un lote perfectamente impreso que pasa por autoclave y, tras el proceso térmico, el código se borra. Ese es el tipo de error que una buena solución de marcaje industrial evita.


4. Exigencias de trazabilidad

No se trata solo de imprimir una fecha. La trazabilidad alimentaria es la huella digital de cada producto: permite saber dónde, cuándo y cómo se fabricó. Por eso, la codificación en latas debe garantizar legibilidad incluso después del cocinado, transporte o almacenamiento prolongado.

Tecnologías que hacen posible la codificación en latas


Chorro continuo de tinta (CIJ)

Es el clásico infalible de las líneas rápidas. El sistema CIJ lanza microgotas de tinta que se adhieren perfectamente a las superficies metálicas, incluso en entornos húmedos. Su gran ventaja es la velocidad y versatilidad. Puede imprimir sobre aluminio, hojalata o envases barnizados sin frenar la línea. En SMC Codificación se emplean tintas de alta adherencia que resisten el calor, el vapor y la manipulación, asegurando que el código siga legible hasta el final del proceso.

Codificación láser

Cuando se busca un marcaje permanente y limpio, el láser es el protagonista. No usa tinta, no genera residuos y garantiza una lectura perfecta incluso tras tratamientos térmicos. Es ideal para latas barnizadas o anodizadas, donde se necesita una precisión milimétrica. Además, reduce costes de mantenimiento y ofrece una alternativa más sostenible, algo que cada vez valoran más las marcas del sector de la conserva.

Otras tecnologías complementarias

En envases secundarios, cajas o tapas, la impresión térmica (TIJ) y el etiquetado automático complementan al marcaje principal, reforzando la trazabilidad en la cadena de producción.


Factores que determinan una codificación perfecta

Tipo de superficie

Una lata barnizada no se comporta igual que una sin recubrimiento. En una, la tinta puede deslizarse si no tiene la adherencia adecuada; en otra, el láser puede grabar con más contraste. Adaptar la tecnología al material es esencial.


Contraste y legibilidad

Un código debe leerse siempre a la primera. El color, el brillo y el ángulo de lectura importan tanto como la calidad del equipo. En superficies metálicas, un buen contraste marca la diferencia.


Velocidad de línea

A más ritmo, mayor exigencia. En líneas de alta velocidad, la codificación debe sincronizarse milimétricamente con el transportador. Un desfase mínimo puede provocar códigos fuera de zona o duplicados.


Resistencia del marcado

El código debe sobrevivir a todo: al vapor, a la condensación y a los golpes del transporte. Por eso se eligen tintas de secado rápido o marcaje láser directo sobre metal.


Mantenimiento

El tiempo de parada es el enemigo de la eficiencia. Escoger equipos que simplifiquen la limpieza y el cambio de consumibles es vital para mantener la producción continua.

Cómo SMC Codificación se adapta a cada línea de conserva

Cada cliente tiene su propio ritmo, su propio tipo de lata, su propio espacio. Por eso, en SMC Codificación no hay soluciones genéricas: hay adaptaciones reales. Algunas líneas necesitan cabezales móviles; otras, impresoras compactas integradas en espacios reducidos. En plantas con vapor constante se usan sistemas láser cerrados, mientras que en líneas mixtas se combinan CIJ y láser para cubrir diferentes formatos. El objetivo es simple: que la codificación acompañe al proceso, no que lo detenga. Y eso se consigue con equipos robustos, mantenimiento ágil y una configuración precisa para cada punto de la línea.

Buenas prácticas para garantizar la trazabilidad

  • Validar el contraste y la lectura antes de la producción masiva. Un test evita lotes fallidos.
  • Sincronizar la codificadora con el resto de la línea para evitar desplazamientos o repeticiones.
  • Realizar limpieza y calibración regulares para asegurar un marcaje uniforme.
  • Verificar la legibilidad al final de la línea mediante sistemas de visión o lectura automática.
  • Usar software de trazabilidad que vincule cada impresión con su lote, fecha y hora.

Un proceso invisible, pero decisivo

A simple vista, la codificación en latas de conserva puede parecer un paso más en la línea de producción. Sin embargo, de su precisión depende la capacidad de una empresa para garantizar seguridad alimentaria y mantener la confianza de sus clientes. Detrás de cada código hay algo más que tecnología: hay experiencia, control y una forma de trabajar que no deja nada al azar. Cada impresión es una promesa de calidad, una forma silenciosa de decir: “sabemos de dónde viene este producto y a dónde va”.

Mantener una codificación precisa, rápida y duradera no es solo una cuestión técnica; es una estrategia para proteger la marca y optimizar la producción alimentaria. En SMC Codificación entendemos que detrás de cada lata hay una historia: un proceso, un equipo, un estándar de calidad. Y esa historia debe quedar grabada, visible y legible, sin importar la velocidad de la línea ni las condiciones del entorno. Porque en la industria de la conserva, la trazabilidad no se improvisa: se imprime.

Codificación en latas de conserva: trazabilidad sin interrupciones
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