En SM Codificación entendemos la codificación industrial como una parte crítica del proceso: el punto donde la trazabilidad se vuelve visible y verificable. Un código de lote o una fecha mal impresos no son un detalle; se traducen en rechazos, incidencias de calidad y pérdida de control. Por eso, cuando hablamos de elegir sistema de codificación, lo hacemos desde el criterio técnico y la realidad de planta: que el marcaje sea legible, estable y repetible en tu material, a tu velocidad y en tu entorno.
La pregunta clave no es “qué impresora compro”, sino “qué necesita mi línea”
No existe una solución universal porque no existen dos líneas iguales. Cambia el sustrato, cambia la humedad, cambia la velocidad, cambia la forma del envase, cambian los tiempos de manipulación… y con cada cambio varía el comportamiento de la impresión. La decisión correcta llega cuando se analiza el conjunto: superficie a marcar, condiciones ambientales, cadencia real y nivel de integración. Ese análisis evita el error más frecuente: escoger una tecnología “porque funciona en otro sitio” y descubrir después que, en tu línea, aparece el borrón, el desplazamiento, la falta de adherencia o el código fuera de zona.
Material y superficie: aquí se decide gran parte del éxito
El primer filtro para elegir sistema de codificación es el material. En film flexible, por ejemplo, la impresión debe fijar rápido y resistir el roce sin transferencia; en envases curvos, la estabilidad del punto de impresión es decisiva; en cartón y estuche secundario, buscamos nitidez sin manchado; en madera, la prioridad es que el marcaje sea visible sobre una superficie porosa e imperfecta. Por eso trabajamos con distintos enfoques tecnológicos según la aplicación: soluciones de tinta para escenarios donde la versatilidad manda, y alternativas de marcaje cuando la permanencia y la limpieza del proceso son determinantes.
Entorno de planta: humedad, grasa y polvo cambian las reglas
Una codificación que “en teoría” funciona puede fallar cuando entra en juego el entorno real. La humedad y la condensación pueden generar una película sobre el envase que reduce adherencia; la grasa o vapores pueden provocar velos; el polvo puede contaminar boquillas o superficies; y las variaciones térmicas afectan al secado y al contraste. En estos casos, la respuesta no es forzar el proceso ni asumir fallos como normales, sino ajustar el sistema completo: tecnología, consumible y configuración. Cuando se trabaja con ese enfoque, el marcaje deja de ser un punto frágil y se convierte en una parte silenciosa del flujo productivo.
Velocidad e integración: la codificación debe sincronizarse con la línea, no con una suposición
La cadencia real es un juez implacable. A bajas velocidades casi todo parece funcionar; a altas velocidades aparecen los errores: dobles disparos, códigos cortados, desplazamientos o impresiones fuera de la ventana de marcaje. Aquí la integración es decisiva: sincronización, encoders, control de disparo y coherencia con el transporte y las microparadas. La codificación industrial no puede vivir “aislada”; debe estar alineada con la dinámica de la línea para mantener repetibilidad, especialmente cuando hay cambios frecuentes de formato o variación de producto.
Flow pack: codificar en film flexible sin borrones ni transferencias
En líneas flow pack la exigencia suele ser doble: velocidad alta y superficie flexible. La solución debe evitar transferencias, mantener contraste y sostener legibilidad incluso cuando hay humedad ambiental o producto frío que provoca condensación. En este contexto, la selección del sistema no se limita a “imprimir”: se busca que el código quede estable para trazabilidad, controles internos y lectura posterior. En nuestra experiencia, el mejor resultado aparece cuando el sistema se integra respetando la instalación existente y se elige la combinación adecuada de equipo y consumible, porque en film flexible el comportamiento del secado y la resistencia al roce son tan importantes como la propia mecánica del marcaje.
Qué tecnologías consideramos y cuándo encajan
Para abordar escenarios industriales reales, trabajamos con tecnologías como CIJ, TIJ, TTO y láser, porque cada una responde de manera distinta ante sustratos, ritmos y entornos. En líneas donde se necesita versatilidad y alta cadencia, la impresión por tinta puede encajar muy bien si la química está alineada con la superficie; cuando se prioriza alta definición en espacios compactos, hay opciones que responden mejor; y cuando el objetivo es minimizar consumibles y obtener un marcaje permanente, el láser se vuelve una alternativa a valorar. La decisión final no se toma por tendencia, sino por el resultado que se mantiene constante en el día a día.
Soluciones en línea: plataformas modulares para crecer sin rehacer la instalación
En proyectos de integración, utilizamos sistemas para línea basados en controladores y cabezales externos que permiten ajustar el tamaño del mensaje y el número de puntos de impresión. En el catálogo de soluciones para línea trabajamos con equipos como KSM12F (un cabezal de 12,5 mm) y KSM25F (un cabezal de 25 mm) para integraciones compactas; con KSM40D (1 o 2 cabezales de 12,5 mm) y KSM50D (1 o 2 cabezales de 25 mm) cuando se requiere mayor cobertura o doble posición; y con KSM60D cuando la instalación necesita escalar a múltiples cabezales. Esta modularidad es útil cuando la producción crece o cuando se incorporan nuevos formatos, porque evita que la codificación se convierta en un cuello de botella por falta de capacidad.
Automatización del marcaje: cuando alimentar y codificar debe ser un solo proceso
Hay casos en los que el reto no está solo en la impresión, sino en la consistencia del flujo de producto a marcar. Para esos escenarios, se incorpora un feeder alimentador automático pensado para integrar el marcaje de estuches, etiquetas, bolsas o folletos en la línea, reduciendo manipulación manual y mejorando uniformidad. Este tipo de solución ayuda cuando el proceso exige repetibilidad y rapidez, porque convierte la codificación en un paso controlado y estable, especialmente útil con series cambiantes o necesidades de datos variables frecuentes.
Madera y palets: cuando el marcaje debe ser resistente y cumplir NIMF 15
En madera, la superficie rara vez es perfecta: porosidad, vetas, irregularidades y polvo forman parte del día a día. Por eso, en proyectos de codificación sobre palets o embalaje de madera, la prioridad es conseguir un marcaje que mantenga visibilidad y contraste en condiciones reales, especialmente cuando hay exigencias de exportación y marcado NIMF 15. En este tipo de aplicaciones, el sistema se define por el resultado final (legibilidad y durabilidad), por cómo encaja en el flujo de fabricación (marcar antes o después del montaje, puntos de impresión, automatización) y por la coherencia con el proceso para evitar repeticiones y retrabajos.
Marcaje manual: flexibilidad cuando la integración en línea no es la opción
No todas las necesidades piden una instalación automatizada. Cuando se necesita movilidad, marcaje puntual o adaptarse a series muy variables, el marcaje manual permite mantener control sin complicar la línea. En estos casos, la clave está en que el operario pueda trabajar con rapidez y consistencia, y en que la tinta y la configuración estén alineadas con el material para evitar borrones, falta de contraste o tiempos de secado que ralenticen el proceso. El resultado debe ser el mismo que en línea: un código claro y estable, pero con la flexibilidad que exige el entorno.
Consumibles y tinta: lo que define la legibilidad a lo largo del turno
En la práctica, el hardware no es suficiente si la tinta no acompaña. Adherencia, secado, resistencia al roce y contraste dependen del consumible elegido y del material que se marca. Por eso, el sistema se plantea como un conjunto: equipo, consumible y configuración. Esta forma de trabajar reduce incidencias típicas como códigos apagados, borrones por condensación o fallos por cambio de sustrato, y ayuda a mantener estabilidad cuando la planta introduce variaciones inevitables a lo largo del día.
El mejor indicador de que el sistema está bien elegido es simple: deja de ser un foco de atención. El código se lee siempre, el mensaje aparece donde debe, y los cambios de formato o las condiciones ambientales no se traducen en incidencias constantes. Ese es el objetivo de un buen criterio de selección: que la codificación se convierta en una parte silenciosa del proceso, sosteniendo trazabilidad sin exigir correcciones continuas.
Si estás en fase de elegir sistema de codificación, el camino más fiable no es decidir por intuición, sino apoyarse en experiencia de implantación y pruebas sobre el soporte real.
