Hoy damos por hecho que cualquier producto puede identificarse mediante un lote, una fecha, un código de barras o un código 2D. Sin embargo, llegar hasta los actuales sistemas de trazabilidad y codificación industrial ha requerido décadas de evolución tecnológica.
Y no solo han cambiado las máquinas. También lo han hecho las tintas, los materiales, la velocidad de las líneas de producción y la cantidad de información que necesitamos asociar a cada producto.
La codificación industrial ha pasado de identificar un producto a convertirse en una pieza clave de su trazabilidad.
Los primeros conceptos del código de barras surgieron a finales de los años 40 y fueron patentados en 1952. El gran salto llegó en los años 70, cuando comenzaron a implantarse estándares que permitían identificar productos de forma automática.
El 26 de junio de 1974 se escaneó por primera vez un producto con código de barras en un supermercado de Ohio. A partir de ahí, la identificación automática empezó a extenderse rápidamente. Ver cronología histórica de GS1.
Aquella combinación de líneas permitió conectar un producto físico con información almacenada en un sistema informático. Con el tiempo, el concepto evolucionó desde la simple identificación hasta la trazabilidad: poder seguir el rastro de un producto a lo largo de las distintas etapas de producción y distribución.
En Europa, el Reglamento (CE) 178/2002 consolidó este concepto dentro del sector alimentario, estableciendo la necesidad de poder seguir el rastro de alimentos, piensos y sus componentes a lo largo de la cadena. Consultar el Reglamento (CE) 178/2002.
La evolución de la trazabilidad fue de la mano del desarrollo de nuevas soluciones de codificación industrial en línea y marcaje industrial.
Durante décadas, las empresas pasaron de procesos manuales o independientes a sistemas capaces de imprimir información variable directamente sobre el producto, el envase o el embalaje durante el propio proceso productivo.
Eso permitió algo fundamental: marcar sin detener la producción y adaptar la información impresa a cada lote, referencia o necesidad concreta.
Hoy el marcaje en línea de producción puede formar parte de la propia automatización, trabajando junto a sensores, transportadores y otros elementos del proceso.
La evolución no está únicamente en las impresoras.
La tinta es una parte esencial del resultado final y debe adaptarse al material, al entorno de trabajo y a las condiciones que tendrá que soportar el marcaje.
En SM Codificación trabajamos con distintas familias de tinta según la aplicación:
La elección adecuada de la tinta es tan importante como la del propio equipo. Material, velocidad, condiciones ambientales o tipo de superficie pueden cambiar completamente el resultado del marcaje.
No existe una tinta universal. La elección depende del soporte, del entorno de trabajo, de la velocidad de la línea y de las prestaciones que necesite el marcaje.
Por eso, antes de elegir una solución, es necesario analizar tanto la tecnología de impresión como el consumible que mejor se adapta al soporte y al proceso productivo.
Actualmente, una instalación de codificación puede necesitar imprimir lotes, fechas, referencias, logotipos o códigos variables de forma automática.
En SM Codificación trabajamos tanto con impresoras manuales como con equipos preparados para su integración en líneas de producción, adaptando la solución a las necesidades reales de cada cliente.
Uno de los mejores ejemplos es el sector de la madera y los palets. En este ámbito se pueden desarrollar instalaciones para marcar directamente tablas, tacos o patines, sustituyendo o complementando sistemas tradicionales y automatizando una parte del proceso.
También es posible trabajar directamente sobre tacos, patines y tablas de madera, adaptando el marcaje a las diferentes fases de fabricación del palet.
También trabajamos soluciones para el sector avícola, donde la codificación puede integrarse en líneas de clasificación y producción para imprimir información como lote o fecha juliana sobre las hueveras.
En instalaciones con clasificadoras, la codificación de hueveras en líneas MOBA permite automatizar datos como la fecha juliana y el lote, reduciendo modificaciones manuales durante la producción.
En alimentación, conservas, envases u otros sectores industriales ocurre lo mismo: no basta con elegir una impresora. Hay que estudiar el soporte, la tinta, la velocidad de producción, el entorno y la forma en la que el equipo se integrará en el proceso.
La trazabilidad continúa evolucionando. Los códigos bidimensionales, como DataMatrix o QR, permiten almacenar y relacionar mucha más información que los códigos tradicionales.
Pero la tecnología por sí sola no resuelve el problema.
Para que la trazabilidad funcione, la información tiene que estar correctamente impresa, ser legible y mantenerse estable durante todo el ciclo de vida del producto.
Equipo, tinta, soporte e integración deben trabajar como un único sistema. Una buena codificación no depende únicamente de la impresora.
Ese es precisamente el enfoque con el que trabajamos en SM Codificación: estudiar cada aplicación antes de definir el equipo, la tinta, los cabezales y la integración necesarios.
Porque detrás de un pequeño código puede estar toda la historia de un producto.